Cuando me alejo un poco del caos y cojo aire, todo parece tener un cierto orden.

     Empezar haciendo animales fue un principio lógico. Entre inseguro y emocionado, siempre necesité algo sobre lo que apoyarme.  Era un momento de mi vida donde necesitaba respuestas, intentaba llegar a ser alguien que sentía inalcanzable.  Esta primera etapa está basado en la razón. Nunca entendí los animales, sólo eran una excusa sobre la que seguir analizando el material. Supongo que esto acabó con todo. El día que me di cuenta, de que mi cabeza ya sabía como iba a ser el siguiente. A partir de ese momento, todos nacerían muertos.  Nacieron sin mi permiso, mientras yo me preocupaba sobre cómo estaban hechos. Me llevó tiempo comprender, que la diferencia entre algo vivo y algo muerto, son un montón de golpes.  Y que mi pretensión de darles vida, siempre estuvo fuera de mi alcance. Acompañarles mientras crecían fue un regalo que sólo el tiempo pudo darme.

     Intentando leer la vida más que queriendo decidir, acabé en  Croacia. Esta segunda etapa  trata sobre aprender a mirar. En este momento intentaba entender quien era. Durante varios meses me dedico a pasear por el monte y mientras tanto voy apuntando sobre el hierro los movimientos de las raices y las heridas de los árboles, que se marcan en mis pupilas a cada paso que doy. No existen dos arboles iguales y esto me da una libertad que en los animales nunca hubiera encontrado. Quiero entrar dentro del árbol y estos crecen desde dentro. Es más bien el espacio el que se cubre de corteza. Por primera vez en mi trabajo tengo la noción de lo profundo. Las cicatrices son las historias que la obra cuenta, por eso nunca he pulido las esculturas.  Pienso que de hacerlo, las mataría. Hay algo hermoso en dejar envejecer las cosas. Es por eso que las dejo a su suerte sin tratarlas, para que su vida continúe aún alejandose de mi.

     Un dia en el taller, uno de estos arboles se parte por la mitad y me deja ver a través de él. Con un trozo de una rama que tengo hecha, simulo un orificio que atraviesa la estructura y lo veo claro. Comprendo que para acertar tienes que haber fallado dos veces.  Ya que estos dos extremos, me dejan claro cual es el punto medio. FORMAS parte en búsqueda del equilibrio. Rompiendo con el objeto, esta tercera etapa esta basado en el movimiento, pero más importante que el movimiento de la escultura, es el mío alrededor de ella.  Las opero sin descanso y es hermoso ver como cambian, mientras intento comprender el proceso natural que las genera.  No hay una pretensión formal, ni existe un objetivo.  Solo dejo fluir la obra en una búsqueda en la que unas curvas bailan con otras. La música entra en ellas y se hacen grandes. Tan grandes que para entenderlas necesito imaginármelas a mi escala. Se han convertido en cuevas y el orificio es mi puerta de salida. Veo la luz al otro lado del túnel, sólo me queda cruzar valiente.

     Sintiéndome preparado para defender mi trabajo, me mudo a Berlín. ESPACIOS llega a mi como una ráfaga de aire fresco. Esta cuarta etapa trata sobre la ausencia de dominio. Operando la ultima de las esculturas de FORMAS, en un momento dado la corto por la mitad y me deja ver el interior de la misma. Siento por un momento haber encontrado el alma de la obra.  Trabajando en búsqueda de algo esencial, estos tubos que conectan lo cóncavo con lo convexo se vuelven protagonistas en mi obra. La escultura crece desde ellos con la unica aspiración de  comprender  la  lógica  de algo mas allá de mi control; algo natural, algo matemático. Son organicas y crecen solas. Una vez plena la escultura, orbito con mi radial esos agujeros de gusano, abriendo las entrañas de una obra que llega a su final, más quitando que poniendo.

     Es aquí donde me encuentro, después de un largo camino. Analizando el punto medio entre la razón y lo divino.  Esta quinta etapa trata sobre los límites. A estas alturas ya he comprendido que yo soy lo que elijo en cada momento. Con un ojo crítico y el alma libre, mi eleccion es volver a Madrid, en donde comienzo una nueva serie, llamada INTERVALOS. Ya no dirijo mi vida, ni dejo que ella me lleve. Busco los límites del material y lo atravieso rompiendo las leyes. Los ángulos rectos afloran en mis esculturas y genero templos donde el sonido retumba.

     Mi trabajo trata sobre la búsqueda del equilibrio. Siempre voy de un lado al otro intentando encontrar el punto medio. En mis esculturas, juego con las dos caras, la contraposición de la soldadura por fuera y estructuras limpias por dentro. Espacios cerrados por un lado y por el otro abiertos. Siempre recogido, abrazado y por el otro lado libre y absolutamente expuesto.

Como todo en la vida, ninguno de los dos extremos es el correcto y sin embargo, ambos son necesarios para mantener el equilibrio. No hay tristeza sin felicidad y no hay felicidad sin tristeza. La vida siempre cambia y no existe un final feliz. La felicidad es el camino, un camino que no tiene fin.

     Es de la necesidad de donde todo me surge. Empiezo rellenando folios con un rotring tratando de ocupar mi tiempo fuera del taller. Con la ayuda de una regla, me limito a tirar líneas, son como ríos blancos que penetran dentro de la tierra definiendo los espacios de estas negras islas que se apilan unas encima de otras. Al principio tratando de buscar superficies planas, para finalmente encontrarme con estas tramas que tapizan mis dibujos. Solo son múltiples formas geométricas. Conforme crecen se convierten en grandes bloques, las líneas blancas se vuelven protagonistas e intento comprender alguna lógica en estos dibujos que se van simplificando a medida que avanzo. En estos momentos los dibujos están creciendo como colonias de partículas que han pasado de explorar los planos a salir a borbotones. Cuanto más papel les doy, más fuerza cogen. Hace tiempo reduje el grosor de la línea que los separa y esto me ha ayudado mucho a poder crecer la escala. Después de mucho tiempo dibujando, en una de tantas veces bloqueado, empecé a dibujar a mano alzada. He llegado a controlarlo tanto, que es difícil pensar que están así hechos, pero lo cierto es que los dibujos se ven más vivos. La perfección tiende a lo perfecto, pero desde cierta distancia y en constante movimiento.

     Como al principio de todos mis procesos, comienzo haciendo zoom, es importante para mi encontrar la raíz, la forma básica desde la que todo crece. Profundizo con la idea de entender cual de estas líneas me resulta mas natural, que ángulos valen y cuales no. Tras llegar hasta el final decido volver a crecer, a necesitar más papel. Al cabo de unos cuantos dibujos soy consciente de que algo común aparece repetitivamente entre todos ellos; el hexágono. Es desde estos hexágonos desde los que está creciendo todo, en torno a ellos mis dibujos empiezan a formarse. Leyendo un día sobre el hexágono todo cogió sentido. Leí en un texto que era la forma geométrica de la creación, lo que unía lo micro y lo macro. Algo que repetía mucho cuando hablaba sobre las esculturas, es que cuando encuentro las formas correctas, se relacionan con todo; tienen que ver con los agujeros de gusano y con como se conectan los planos, tiene que ver con las células y con cómo crecen las cosas. Es entonces cuando todo tuvo que ver. Curiosamente, estaban hablando de lo mismo y no me había dando cuenta. Por primera vez he sido capaz de traducir mi trabajo en la escultura a otro formato, algo que la razón no me había permitido alcanzar hasta ahora.

     Me esfuerzo mucho por dejar ser a mi trabajo lo que él quiere. He aprendido con el tiempo que el control es rígido y que bajo él, mi obra no vive. A lo largo del proceso he tratado de entender. Me he balanceado entre los extremos y después de muchas vueltas, trabajo en búsqueda del equilibrio. Liberarme de la razón me ha ayudado a ser mejor artista, por lo menos el artista que siento que tengo que ser hoy en día. Librarme de mi mismo y de mis intenciones, es lo que me deja seguir creciendo. Siempre al principio de un nuevo camino, siempre valiente, siempre atento.